19/4/16

Guerra de desiertos: Merzouga vs Zagora

Silencio es lo que escucho en tu noche iluminada por millones de estrellas. Un silencio ensordecedor que incluso puede llegar a asustar. El viento, de haberlo, pasa a hurtadillas a tu lado. No hay grillos que froten sus cuerdas cerca. Ni coches. Casi no oyes tu respiración y por un momento te preguntas si es un sueño o realmente existe una ausencia de sonido tan sepulcral. No, estás vivo. Más vivo que nunca en medio de la noche en el desierto.
Desierto de Merzouga
Desierto de Merzouga
Cuando pensamos en Marruecos, una de las imágenes que se nos cruza por la cabeza siempre es la de un desierto infinito de arena, jaimas y camellos.  Sí, seguramente se te pasen por la mente ciudades como Marrakech o Fez cuando planees tu viaje a este maravilloso país, pero querrás ir al desierto. Pero, ¿a  qué parte? ¿cuál es la mejor? ¿cuál está más cerca? ¿Qué hago ahí?

Como he dicho ya varias veces (¡cómo me repito!) estuve en Marruecos dos veces en el 2009 y las dos veces fui al desierto, pero a zonas diferentes: la primera a Zagora, la segunda a Merzouga. Aunque creo que la zona más famosa entre los viajeros es Merzouga por su famosa duna Erg Chebbi, no hay que descartar en ningún momento Zagora para empezar a descubrir el desierto. Si tienes dudas a qué zona del desierto de Marruecos ir o cómo o desde dónde, lee hasta el final. Sino, también.

¿Coche privado o excursión?

No todo el mundo va en coche a Marruecos o alquila ahí uno (son bastante caros). Con lo que la primera opción es coger un viaje contratado y dejarte llevar.
De camino a Merzouga
De camino a Merzouga
En las excursiones organizadas te pueden prometer que vas a ir tu solo en un cómo coche, pero puede que luego te metan en un microbus hasta arriba y te paren en los lugares que a ellos les convenga.

Mi veredicto: coche privado

Tener un coche privado es una gozada y así poder ir a tu ritmo y parar cuando quieras y donde quieras. Además, el camino a Marrakech es una experiencia (a veces más que religiosa) el conducir por esas carreteras con miles de curvas. 

¿Cuánto se tarda?

Casi desde cualquier sitio que estés en Marruecos, el desierto te pillará algo a desmano. Recuerda que ambas zonas están al sureste de Marruecos (algo más al norte Merzouga que Zagora). Por lo que un viaje hasta cualquiera de estos dos lugares te llevará casi un días entre paradas, salidas con retraso y demás percances que puedan pasar.

A Merzouga tienes algo menos de 600km con muchas curvas desde Marrakech y unas siete horas largas desde Fez.
Descansando sobre una duna de Zagora
Descansando sobre una duna de Zagora
A Zagora desde Marrakech hay unos 350km y desde Fez es mejor que ni te plantees hacer una excursión aquí (¡ojo que si tienes tu propio coche, puedes aprovechar el viaje e ir parando en algún que otro lugar!).

Mi veredicto: a Merzouga desde Fez o Meknés y a Zagora desde Marrakech

Así es como yo visité las dos zonas del desierto y creo que es la más recomendable, sobre todo si vas pocos días y no quieres pegarte palizones de viajar.

¿Dónde están las dunas más impresionantes?

Erg Chebbi es sin duda un espectáculo de la naturaleza que no encuentras en Zagora. Es una montaña  o erg de arena con numerosas dunas de gran altura. Si te quieres cansar subiendo hasta la cresta, este es tu lugar.
Duna de Merzouga
Duna de Merzouga
Pero eso no quiere decir que en Zagora no vayas a encontrar dunas. Las hay, más modestas. El paisaje de Zagora es un desierto más pedregoso, no tan lleno de dunas altas, un desierto más plano, por llamarlo de alguna manera.

Mi veredicto: Merzouga

Merzouga aunque por poco. Sí que es verdad que Erg Chebbi es impresionante, pero el conjunto de Zagora tiene también su encanto.

¿Viaje en camello?

Vayas a donde vayas, seguro que una de las ofertas que te harán será que vayas desde un punto hasta el campamento en camello. Yo lo hice las dos veces, y si volviera a nacer, no repetiría, ni me montaría la primera vez. Va a sonar un poco soez, pero la primera vez mi entrepierna lo lamentó, y la segunda vez nada más montarme, me pregunté ¿por qué? ¿por qué he vuelto a hacerlo?
Paseo en camello en el desierto de Marruecos
Paseo en camello en el desierto de Marruecos

Mi veredicto: en 4x4

Yo no he hecho un viaje en 4x4 por el desierto, pero creo que si se me diera la oportunidad de volver al desierto (ya sea el de Marruecos u otro), no me montaría en camello. Me aventuraría a contratar un conductor de 4x4 y me adentraría algo más en el desierto. Creo que es una mejor experiencia aunque te cueste más dinero. Lo tengo en tareas pendientes,

Mi veredicto final

Ya has llegado hasta aquí y lo que estás deseando es que te diga si ir al desierto de Zagora o al de Merzouga ¿no? Gana Merzouga, principalmente porque es la idea de desierto que tengo en la cabeza. Pero Zagora es ya buena opción si no tienes mucho tiempo y estas en Marrakech. Así que, aunque yo elegiría Merzouga, el viaje al desierto perfecto que yo haría, sería el siguiente:
Saltando al amanecer en Zagora
Saltando al amanecer en Zagora
Para llegar al desierto, usaría mi coche particular en la medida de lo pasible y elegiría la zona del desierto que más cerca me pillara indistintamente, da igual que sea Zagora o Merzouga. Una vez ahí ni loca volvería a montarme en camello y me gastaría algo más de dinero en que me llevaran más al interior en 4x4. Contemplaría el atardecer para después disfrutar de la cena alrededor del fuego o de la mesa, compartiría historias y canciones con el resto. Antes de ir a dormir, guardaría unos minutos para mí mirando las estrellas en silencio. Al despertarme, intentaría disfrutar cómo el sol sale de entre las dunas y las tiñe de color rojizo.
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27/1/16

6 lugares imprescindibles de Marruecos

Marruecos es uno de mis países preferidos, ya lo he dicho en bastantes ocasiones. Visité gran parte del país en mis dos viajes que hice en 2009. Eso sí, todavía tengo pendientes algunos destinos en la costa atlántica como Safí, Larache o Asilah; en la costa mediterránea como Nador, Tetuán; visitar más en profundidad el valle del Todra o la garganta del Dades.


Aun faltándome lugares por visitar, hoy me voy a arriesgar y a contaros mis lugares indispensables de Marruecos.

Chauen o Chefchauen: el pueblo azul del Rif

Chauen es un pueblo pequeño a los pies de las montañas del Rif, al norte de Marruecos. Todo en el pueblo es de color blanco y azul. Da gusto pasear por sus callejuelas o subir a los alto de una colina y observar el pueblo desde lo alto o pararte a tomar un poco de té marroquí y charlar con los lugareños. Eso sí, no te olvides de llevar una chaqueta contigo, porque por la noche refresca.
Vista de Chauen, Marruecos
Vista de Chauen
Además, desde Chauen se puede hacer un trekking muy sencillo y bonito para ver el puente de Dios. Tuve la suerte de conocer en Chauen a un chico que nos llevó a mi hermana y a mi hasta ahí. A parte de calzado adecuado, si calienta el sol, lleva agua suficiente o te deshidratarás.
Puente de Dios, Chauen
El "Puente de Dios"

Marrakech: mi ciudad imperial favorita

De todas las ciudades imperiales de Marruecos (Fez, Marrakech, Meknes y Rabat), me quedo con Marrakech por parecerme la más completa de todas. Todas tienen su encanto, pero si me tuviera que decantar por visitar sólo una, eligiría Marrakech (aunque Fez estaría muy cerca).
Especias en Marrakesh
Especias en Marrakech
Sí, es la ciudad ideal para hacer una escapada de fin de semana largo o algún puente, ya que Marrakech se disfruta con los cinco sentidos: tiene un buen numero de lugares históricos, buenos platos de la gastronomía de Marruecos, buena artesanía o hammanes para relajarte.

Cascadas de Ouzoud: el lugar solitario

Las cascadas de Ouzoud son las cascadas más altas de Marruecos. En una de las excursiones que hicimos desde Marrakech, nos propusimos llegar a este lugar. Como nos guiamos sólo por un precario mapa, no cogimos el desvío bueno y la carretera que nos llevó hasta las cascadas fue un poco sinuosa. Pero llegamos.
Cascadas de Ouzoud, Marruecos
Cascadas de Ouzoud
Una vez en el pueblo de Tanaghmeilt, tendrás que atravesar una frondosa arboleda para llegar a las cascadas y aparecerán de repente ante ti. Si tienes suerte como nosotras, no encontrarás a casi nadie. Éramos las únicas extranjeras y pudimos disfrutar tranquilamente del ruido de su agua. Si quieres cruzar al otro lado, hay una barca que por muy poco dinero, te llevará a la otra orilla.

Si quieres dormir aquí, hay varios lugares, muchos de ellos para dormir al raso. Nosotras volvimos a Marrakech, pero de haberlo planeado mejor, nos habríamos quedado una noche disfrutando de la tranquilidad del lugar.

Essaouira: la ciudad costera

Essaouira es una bonita ciudad costera de Marruecos. Su medina está rodeada por una fortaleza portuguesa y desde la costa se ven uno de los mejores atardeceres de Marruecos.
Vistas del mar desde el fuerte en Essaouira
Vistas del mar desde el fuerte
Visitar su medina, comer buen pescado, pasear por la playa a lomos de un camello o hacer surf son una de las actividades más populares de la ciudad. Sí, Essaouira es una ciudad con mucho encanto. Para dormir, recomendaría coger algún hostal con vistas al mar. ¡Ah! Si eres fan de la serie de Juego de Tronos, seguro que reconoces más de un lugar.

Volubilis: la ciudad romana

Volubilis es una antigua ciudad romana que se encuentra en el norte de Marruecos. Se dice que es de las mejores preservadas del norte de África, pero yo hasta que no lo vi no me lo creí. No he visto todas (¡qué más quisiera yo!), pero el lugar merece una visita.
Arco de Triunfo Caracalla, Volubilis
Arco de Triunfo Caracalla

Templos, mosaicos y arcos de triunfo son una de los muchos restos que puedes encontrar en esta ciudad. Si necesitas un guía, a la entrada al recinto hará mil personas ofreciéndote una buena explicación sobre la ciudad. Lo que no me disgustó algo, es lo poco cuidada que está.
Mosaico de Volubilis
Mosaico de Volubilis
Como extra, si tienes tiempo, puedes visitar el pueblo de Mulay Idris, un lugar de peregrinación marroquí por tener el santuario de Idris I. Curiosamente tiene la única mezquita con minarete cilíndrico de Marruecos.
Minarete cilíndrico de Mulay Idris
Minarete cilíndrico de Mulay Idris

Merzouga: la aventura en el desierto

Una de las imágenes que te viene al pensar en Marruecos es el desierto del Sahara y seguramente quieras acercarte a este lugar en tu viaje por el país. He estado en dos ocasiones en el desierto de Marruecos, una en Zagora y otra en Merzourga. De las dos, recomiendo la última por parecerme más auténtica, más desierto.
Paseo en camello por el Sahara
Paseo en camello por el Sahara
Elijas el lugar que elijas, harás más  o menos las mismas cosas: ir en camello hasta un oasis donde estará la jaima en la que dormirás, disfrutarás de una deliciosa cena y un abundante desayuno y pasarás un buen rato con los bereberes de ahí compartiendo canciones (seguramente de inciten a cantar alguna conocida en español) y contando costumbres de ambos países. Pero lo mejor es salirse de la tienda y contemplar las estrellas en el silencio sepulcral del desierto.
Kasbah Aït Ben Hadu
Kasbah Aït Ben Hadu 
Si vas al del desierto a Marrakech o de Marrakech al desierto, harás una parda en la maravillosa kasbah Aït Ben Hadu, que es una ciudad fortificada de adobe
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3/12/15

5 lugares a los que no volvería

Confieso que no me gustan todos los lugares en los que he estado. A veces porque realmente no tienen ningún encanto y otras veces porque tenías tantas expectativas que cuando llegas ahí te preguntas ¿esto es todo? No os enfadéis por mi lista, seguro que hay sitios de los que pongo que os han encantado, pero esto es meramente personal.

Nairobi

Sin lugar a dudas Nairobi es la ciudad más fea y que menos me ha aportado a nivel viajero de mi vida. No le dediqué mucho tiempo, pero tampoco encontré nada especial que hacer. Caí ahí porque mi avión aterrizaba en la capital keniana, pero, si volviera a repetir el viaje, saldría de ahí por patas.
Skyline de Nairobi
Skyline de Nairobi

Leeds

Fui a Leeds a visitar un amigo. Durante unos días visité otras ciudades inglesas como Liverpool, Manchester o York. Todas interesantes en mayor o menos medida, pero a Leeds no le vi nada especial. ¿Me despisté? No lo sé.
Bus en Leeds
Bus en Leeds

Castillo de Neuschwanstein

El castillo de Neuschwanstein no es que no me gustara. Es un castillo muy bonito, sobre todo de lejos y por el entorno en el que está, pero creo que me creé demasaidas expectavitas (he hablado de él en la ruta romántica). Sí, el edificio más fotografiado de Alemania no me enamoró. Seguramente aquí me haya ganado a un par de enemigos. Aunque aquí he mentido. He vuelto. En una de las visitas de mis padres, les llevé a este sitio. Así que he estado dos veces. Y si viene alguna visita y quiere ver el castillo sí o sí también volveré.
Castillo de Neuschwanstein
Castillo de Neuschwanstein
¿Por qué no volvería? 1) Está muy muy muy masificado; 2) Si quieres entrar dentro del castillo tendrás que hacer cola durante más de una hora para conseguir tu entrada (si no has conseguido reservarlas por internet o vas espontáneamente) y además te darán la visita guiada para dentro de unas horas; 3) He visto castillos mucho más bonitos, como el castillo de Chillón; 4) Vayas en la época que vayas, nunca hará buen tiempo :-P
¿Qué es lo que sí que me gustó? La vista desde el Marienbrücke (la de la foto) y el lago que hay cerca.

Casablanca

Aunque Marruecos es un país del que estoy enamorada, Casablanca no me gustó. Esta ciudad fue mi primer contacto con Marruecos. Menos mal que el resto del país me hizo cambiar de opinión, pero la ciudad más grande marroquí no me gustó. Si es verdad que su colosal mezquita es bonita. Además la ubicación es insuperable, pero el resto de la ciudad no tiene ningún encanto en absoluto. La zona europea es eso, una calle con muchas tiendas que te podrías encontrar en Madrid o Londres y la zona de la medina no me pareció que tuviera nada especial.
Mezquita de Casablanca
Mezquita de Casablanca

Gili Trawangan

Si buscas una isla paradisíaca en Indonesia, no vayas a Gili Trawangan. No encontrarás playa desérticas donde bañarte en sus aguas cristalinas. Encontrarás playas pequeñas y llenas de gente en las que te tendrás que bañar con chanclas por todos los corales que hay. Además, la idea de isla perdida pierde sentido cuando hay mil restaurantes y bares con música a todo volumen a todas horas. Además, si te adentras en la isla, la encontrarás llena de basura (la que los turistas dejamos). No obstante puedes encontrar sitios algo más tranquilos si te alejas un poco. Si lo que estás buscando es fiesta, no dudes en venir aquí. Este lugar de Indonesia es el que más sentimientos encontrados me proporcionó: por un lado me lo pasé muy bien ahí, pero por otro me desesperé en alguna que otra ocasión y, como he dicho, no encontré esas playas que tenía en mente.
Coches de Gili T
Coches de Gili T
Seguramente ni Gili Air ni Gili Meno sean como Gili Trawangan, así que si vuelvo por estas tres pequeñas islas de Indonesia, daré una oportunidad a alguna de las otras dos islas.
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17/8/15

Marrakech con los cinco sentidos

Hace casi seis años que visité por última vez Marrakech, pero su recuerdo sigue muy vivo en mi, como si hubiera ido ayer. Si cierro los ojos me puedo trasladar a esta ciudad y recorrer las calles de su medina, no sin perderme un par de veces.

Marrakech fue la primera ciudad de la que me enamoré. Me pasó algo parecido a lo que me ha pasado con Estambul y fui dos veces en el mismo año. La última vez que estuve ahí, mi coche nos llevó a mi hermana Celia y a mi por gran parte de Marruecos y, como no podía ser de otra forma, también por Marrakech.
Plaza de Yame El Fna
Plaza de Yame El Fna
Vayas como vayas, Marrakech es una ciudad que o bien te enamora o bien la detestas de por vida. Por suerte (o por desgracia) yo me enamoré. Me enamoré porque es una ciudad que disfrutas con los cinco sentidos.

Vista

Rojo es el color que identifica a Marrakech. Rojos son la mayoría de los edificios de su medina. Rojo, un color muy acertado para esta ciudad tan viva, con pasión y tan cálida.

Con la vista podrás contemplar grandes edificios de Marrakech como la mezquita de la Kutobía, uno de los más representativos de la ciudad y el más alto. 
Mezquita de la Kutobía
Mezquita de la Kutobía
Las magníficas tumbas saadíes tienen tantos detalles, tanto en las tumbas como en las paredes que las rodean, que no sabrás si tus ojos serán capaces de detectar toda la belleza que alberga este lugar.

Podrás revivir las mil y una noches en el palacio de la Bahía pasando de habitación en habitación y recorriendo parte de sus jardines.
Habitación de la madraza de Marrakech
Habitación de la madraza de Marrakech
Si aún quieres ver más, no te puedes perder la madraza de Ben Youssef, una joya de arquitectura marroquí donde antes se estudiaba el corán.
Imaginándo el cómo fue el palacio El Badi
Imaginándo el cómo fue el palacio El Badi
Para visualizar lo que fue el palacio El Badi, tendremos que cerrar los ojos y imaginar que este lugar fue en su día una de las maravillas del mundo musulmán.

Aunque no tengas ganas de visitar ningún museo, acércate al museo de Marrakech y date un paseo por su patio de este antiguo palacio. 
Patio del museo de Marrakech
Patio del museo de Marrakech
Al anochecer no te puedes perder el espectáculo lo la plaza de Yamaa el Fna, un auténtico teatro al aire libre con cientos de años de antigüedad. Mucho dirán que ya no es lo que era, pero ¿qué se mantiene imbatible al paso del tiempo?

Oído

Bullicio. Puede que sea la primera impresión que te lleves de esta ciudad. Mucha gente trajinando de aquí para allá, coches tocando el claxon a la vez, hablando unos con otros... Si no fuese tan bulliciosa, no sería Marrakech.

La llamada a la oración, como en cualquier otra ciudad musulmana, es una constante en Marrakech. Recuerdo la primera vez que la escuché mientras dormía y me desconcertó tanto que no sabía qué estaba pasando.
Calle con tráfico cerca de una mezquita
Calle con tráfico cerca de una mezquita
De nuevo, la magnífica plaza de Yamaa el Fna por la noche, donde hay músicos tocando sus piezas con la intención de sacar algún dirham al turista. También se contarán historias que seguramente no entiendas o se representarán pequeñas piezas de teatro. Todo esto 365 días al año. Sin descanso y siempre con el aforo completo.

Olfato y gusto

No existe olor sin sabor ni sabor sin olor. Dos sentidos que no se pueden separar y que en Marrakech van muy de la mano.

El olor a especias de las tiendas de la medina y de la mellah perfuman la ciudad: curry, anís, comino, cúrcuma, menta, pimienta, té... ¡Cuántas horas me habré pasado de tienda en tienda oliendo especias!

Todos estos olores los podrás saborear luego en su rica gastronomía muy variada y especiada. Aunque ¡ojo! no apta para todo el mundo. 
Especias de la mellah en Marrakech
Especias de la mellah
El cuscús lo puedes degustar sobre todo los viernes; un rico tajín en cualquier momento ya seas vegetariano o carnívoro; la pastela, uno de mis preferidos; los kebabs (lo que llamamos pinchos morunos). Elijas lo que elijas te chuparás los dedos.

Si lo que quieres es hidratarte, haga frío o calor, el té moruno es siempre la mejor opción, aunque un zumo de naranja recién exprimido de la plaza de Yamaa le Fna tampoco está nada mal.
Degustando el té marroquí
Degustando el té marroquí
Primero hueles el pan recién hecho y luego no te queda otra que comprar una torta marroquí. No te olvides del maravilloso pan marroquí, una especie de tortas que querrás comer solo eso, pan con pan.

Tacto

El contacto con la gente es uno de los atractivos de Marrakech. Son cercanos (a veces de más) y querrán hablar con el viajero siempre que se deje. Muchos lo hacen solo por el interés de que entres en su tienda y compres algún recuerdo para tu casa. Otros por el simple hecho de saber qué es lo que piensas de su país. No necesitarás ni saber inglés, ni francés ni mucho menos árabe. Muchos chapurrean español y otros lo hablan casi a la perfección. Déjate invitar a una taza del güisqui marroquí y disfrutarás como nunca del calor de su gente.
Con un vendedor de bolsos de cuero en la medina de Marrakech
Con un vendedor de bolsos de cuero en la medina
Marrakech es también artesanía: suaves bolsos de cuero hechos a mano por los curtidores, lisas cerámicas, sedosas telas. Un sin fin de diferentes texturas componen la artesanía de la ciudad.
Tatuaje de hena negra
Tatuaje de hena negra
Déjate tatuar la piel. No te asustes, nada permanente. En muchos países del magreb usan la hena para tatuarse la piel, pero este pigmento se va con los días. La que más dura es la negra (también es la más cara). Encontrarás a muchas mujeres en la gran plaza ofreciéndote pintarte la mano. Eso sí, regatea y que no te empiece a tatuar sin que tú se lo hayas dicho.
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2/3/15

Mis itinerarios en Marruecos

2009 fue el año de Marruecos para mi. Lo descubrí en abril en una escapada con unos amigos y repetí en septiembre para un road trip en toda regla con mi hermana durante 17 días. 
Mapa de Marruecos a lo bucanero
Mapa de Marruecos a lo bucanero
Para que os hagáis a la idea de lo que podéis ver tanto si visitáis uno de mis países preferidos una semana o dos, os dejo los dos itinerarios.

Itinerario de 17 días

Lo realicé con mi hermana a finales de septiembre y principios de octubre de 2009 en coche. Salimos desde Lerma, nuestro pueblo, y viajamos toda la noche en coche hasta Algeciras. De mañana cogimos el ferry y pisamos territorio marroquí. 

Viajar en coche por Marruecos no es difícil, aunque al principio todo parece un caos y una locura, piensas que te vas a chocar en cualquier momento. Eso sí, las peculiaridades que te vas a encontrar por el camino son brutales. En el road trip recorrimos más de 6.000 km,  4.000 en Marruecos.


El recorrido que hicimos fue el siguiente:

Día 1: En coche hasta Algeciras
Día 2: Tánger
Día 3: Chauen
Día 4: Fez
Día 5: Fez
Día 6: Meknés
Día 7: Mezourga
Día 8: Ouazazarte
Día 9: Marrakesh
Día 10: Marrakesh
Día 12: Ilmil
Día 13: Essauira
Día 14: Rabat
Día 16: Chauen
Día 17: Vuelta a casa en coche

Itinerario de 6 días

En mi primer viaje a Marruecos viajé con otros cuatro amigos durante el puente de Castilla y León. También condujimos, pero sólo de Casablanca a Marrakesh y por autovía, así que no sabía muy bien lo que era eso de la locura de carreteras secundarias marroquíes.

En este poquito tiempo pude enamorarme de Marrakesh y a día de hoy es una de las ciudades que más me gustan. No descarto volver pronto de nuevo.



Este fue el itinerario:

Día 1: Casablanca
Día 2: Casablanca-Marrakesh
Día 3: Marrakesh-Ouzazarte-Zagora
Día 4: Zagora-Marrakesh
Día 5: Marrakesh-Casablanca
Día 6: Vuelta a España
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23/10/12

Meknés: la ciudad imperial desconocida

Menkés (مكناس) se encuentra a una hora escasa de Fez, pero aún así no tiene ni un tercio de turismo que su vecina. Es la ciudad imperial marroquí más desconocida de todas, pero eso no quiere decir que no merezca una visita. Y aunque sus orígenes son del siglo VIII, fue Mulay Ismail el que dio a Mequinez su época de esplendor, trasladando ahí la capital del imperio entre el siglo XVII y XVIII.

Como he dicho, no tardamos ni una hora en llegar a Meknés. Fuimos por autovía de peaje y nos costó alrededor de un euro. Una de las diferencias con Fez que pudimos notar nada más llegar, es que no había ninguna persona a la caza del turista. Así que cuando nos bajamos del coche, casi nos sentimos poco bien recibidas. Miramos en la guía hoteles y nos decidimos por el más céntrico el Hotel Regina. Bueno... no sé muy bien cómo describir este hostal sin quitaros las ganas de ir. Aunque por los 40 MAD que pagamos cada una no se podía pedir más. Las habitaciones son muy viejas, descuidadas y oscuras. Se podía ver a través de las sábanas y no apostaría mi mano a que estuvieran limpias. Aquí fue en el único sitio que abrí mi saco de dormir, no me apetecía mucho meterme en esa cama. A parte, el baño es un poco básico. Lo único bueno que tengo que decir, es que estaba muy bien ubicado y enfrente había una plaza pequeña donde aparcar coche. Si preguntáis a Celia, seguramente os hable algo mejor que yo, pero creo que es un caso excepcional.
La increible puerta de Bab Al-Mansur en Meknés
Bab Al-Mansur
Al estar tan cerca del centro, en tres minutos nos plantamos en la puerta Bab Al-Mansur, la más importante y grande de todas las ciudades imperiales y, a mi parecer, preciosa. Lo único que resta belleza a esta puerta, es el tráfico de coches que pasa a su lado. Esta es una de las 27 puertas en los 34 kilómetros de murallas que rodean la medina.

Justo al lado, se encuentra la plaza principal de la ciudad. Sus dimensiones son considerables, aunque nada tiene que hacer al lado de la de Marrakech. La plaza estaba casi desierta de turistas, únicamente los habitantes de la ciudad paseaban por ella. Decidimos tomar un petit taxi para ir a visitar las caballerizas y el granero, que estaban un poco apartados del centro. Estos edificios tienen enormes paredes que impiden que el calor entre, cosa que se agradeció.
Madraza de Meknés o Mequinez
En la madraza
Nos dispusimos a ver nuestra segunda madraza, la de Bou Inania. La estructura (y el nombre) es igual que la de Fez, pero su belleza y arquitectura deja muy atrás a las demás. La belleza de sus talladas paredes deja boquiabierto hasta al más exigente. Además tuvimos la suerte de visitarla casi en exclusiva. Había una mujer que nos decía por dónde podíamos ir y nos indicó el camino para subir al tejado donde se podía ver perfectamente parte de la ciudad y el minarete de madraza perfectamente. En esta madraza estudiaban hasta cien personas. En las diminutas habitaciones dormían dos estudiantes.

Ya empezábamos a notar el hambre, así que fuimos a comer. Elegimos el restaurante Mille et une nuits, que está cerca de la plaza principal. He de decir que fue en uno de los lugares que mejor comí en nuestro viaje a Marruecos. Si vuelvo a ir ahí, lo más probable es que repita. Este restaurante es muy familiar. Tiene una carta en la que puedes comer lo típico pero con un poco de innovación. Este restaurante es un claro ejemplo de la prisa mata, pero es algo que se recompensa con creces gracias a la deliciosa comida.
Detalles de la madraza de Meknés o Mequinez
Impresionantes detalles tallados en la piedra y madera de la madraza
Ya con el estómago lleno y satisfecho, nos dirigimos a nuestra última visita de la ciudad, el mausoleo de Mulay Ismail. Este mausoleo se encuentra dentro de la mezquita del mismo nombre y es una de las escasas en la que los no musulmanes pueden entrar. Actualmente no está dedicado a la oración, únicamente cumple la función de albergar los restos del sultán.
Detalle de la mezquita/mausoleo de Mulay Ismail en Meknés o Mequinez
Detalle de la mezquita/mausoleo de Mulay Ismail
El mausoleo sigue la tónica de la arquitectura árabe. Nada más entrar, nos tuvimos que descalzar por entrar a un sitio de rezo lleno de alfombras. Es curioso ver la cantidad de relojes que hay en el mausoleo, al lado de la tumba de Mulay Ismail. ¿Por qué hay esos relojes de péndulo? No es muy normal verlos en este tipo de sitios. La explicación es que el rey Luis XIV de Francia (con ese nombre no podía ser de otro sitio) se los regaló cuando rechazó que el sultán se casara con su hija, la princesa Conti, conocida por su belleza. Estos relojes llevan en funcionamiento unos 400 años.
Tumba del sultán en Meknés o Mequinez
Tumbas del sultán
Para rematar el día, dimos una vuelta por el zoco de la ciudad. No vimos a más de cuatro turistas dando una vuelta por ahí. Puede que fuera debido a que está más orientado a los lugareños que a los turistas, pero no encontramos mucha variedad de suovenirs, aunque eso sí, todo era algo más barato que en otros lugares. Compramos algo de fruta y pan para prepararnos la cena en el hostal.

Prefiero que Mequinez siga siendo desconocida para que los visitantes que lleguen ahí descubran una ciudad llena de encanto, que ofrece edificios y monumentos similares a otras ciudades imperiales, pero que a su vez muestra su cara menos turística, más auténtica. Es uno de los pocos sitios del país que se puede pasear, descansar y disfrutar de la ciudad sin los agobios de los comerciantes intentando venderte algo o persuadirte para que vayas a su hotel. Visitar la madraza y el mausoleo sin turistas alrededor, teniendo esos lugares solo para ti, es un lujo al alcance del que se aventure a venir aquí.
Detalle de la madraza de Meknés/Mequinez
Adiós  desde la madraza
Después de Meknés dejamos las ciudades imperiales y nos adentramos en el desierto del Sahara.
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