10/6/15

Las mujeres de la cara tatuada de los pueblos Chin

Ser guapa es un gran problema. Sí, sí, has leído bien. Pero no lo digo yo, lo dicen las mujeres ancianas de los pueblos Chin en el estado Rakhine y Chin de Myanmar. Y ya se sabe que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Tan guapas eran que tuvieron que afearse para que no se las llevaran los monarcas birmanos o los japoneses. ¿Y cómo lo hacían? Tatuándose la cara para ocultar su belleza
Mujer Chin con la cara tatuada, Myanmar (Birmania)
Mujer Chin con la cara tatuada
Durante siglos, las madres Chin tatuaron la cara a sus hijas cuando contaban entre 5 y 8 años para que no las secuestraran o violaran. ¡Imagina qué dolor! Además los medios para hacerlo no debían de ser los más indoloros del mundo. Durante varios días las pobres niñas tenían la cara hinchada y con heridas.
Varias mujeres con la cara tatuada
Varias mujeres con la cara tatuada
Pero como todo son modas, pasado un tiempo, las mujeres que tenían tatuajes en su cara, empezaron a cotizarse al alza y los hombres de la región no querían a las que tenían el rostro sin pintar. Eso sí, a los extranjeros siempre les gustaron más las del rostro pálido.
Más mujeres chin con la cara tatuada
Más mujeres chin con la cara tatuada
Hoy en día ya no se tatúa a las niñas pequeñas y sólo quedan una veintena de estas mujeres, todas en el estado de Rakhine o Chin (al noroeste del país junto a la frontera con Bangladesh e India). Todas son ya ancianas, la mayoría viudas. Ironías de la vida, antes se tatuaban la cara para que los extranjeros las dejaran en paz y ahora es un reclamo turístico que para muchas es su sustento.
Rumbo a los quehaceres diarios en Myanmar
Rumbo a los quehaceres diarios en Myanmar
Muy temprano, a las 8 de la mañana, Laueren, James y yo, con Mr Fix-it como guía oficial, cogimos un pickup desde Mrauk U hacia el Jetty (embarcadero). Ahí nos esperaba una barca de motor que nos llevaría río arriba durante unas dos horas. Por el camino, pudimos observar cómo se despertaba la vida en los pueblos de los márgenes del río, cómo iban a asearse, cómo se trasladaban en sus barcas hasta su destino, cómo llevaban el ganado a pastar.
Uno de los pueblos chin
Uno de los pueblos chin
Cuando desembarcamos, nos adentramos en el primer pueblo. Y eso puede que sea lo que más me gustó e impactó del día. Había pasado por pueblos cuando hice el trekking hacia el lago Inle, pero ahí me di cuenta de que estaba en la Birmania profunda y olvidada. Calles llenas de barro, casas muy rudimentarias (aunque firmes) hechas con bambú, niños correteando en dirección a la escuela con mochilas de UNICEF (posiblemente lo únicos que se acuerdan de ellos).
Niña Chin divisándome con prismáticos
Niña Chin divisándome con prismáticos
Sí, vi mujeres con la cara tatuada. Pero casi todas tenían la mirada triste. La permanente sonrisa birmana se había borrado de su rostro. La tinta en su cara hace las veces de careta y no necesitan mostrarse risueñas. Al fin y al cabo venden su cara por dinero. Los ingresos de sus familias menguarán cuando ellas mueran. Aunque no creo que vivan del turismo, ya que escasos 3.000 viajeros visitan los templos de Mrauk U y no todos hacen la excursión a los pueblos Chin. Sólo nos topamos con otros turistas que iban cargados de súper cámaras con sus súper objetivos fotografiando a las mujeres como si de un safari se tratare. Haciéndolas posar de tal o cual manera. Ahora como si estuvieras hilando, ahora como si fumaras, ahora como si...
Mujer chin con la cara tatuada harta de posar para los fotógrafos
Mujer chin con la cara tatuada harta de posar para los fotógrafos
Al volver a Mrauk U contemplando el atardecer sobre esos verdes campos que tanto me gustan, me di cuenta de que Birmania no es un país, sino que es un rompecabezas de etnias, razas y religiones unidos por el tiempo y el azar. En esa desconocida región de Myanmar conviven juntos y a veces muy revueltos musulmanes, budistas, católicos, hinduístas, animistas y puede que algún ateo.
Campos verdes de la zona de Mrauk U
Campos verdes de la zona de Mrauk U
Y así fue cómo me despedí de Myanmar, sintiendo haber conocido uno de los países más puros del mundo, sabiendo que me he dejado muchas cosas por ver y hacer, pero teniendo la certeza de que voy a volver. Como en cada viaje, he dejado un pedacito de mi ahí y he tomado prestado una pizca de la esencia de Birmania.
En la barca de regreso a Mrauk U
En la barca de regreso a Mrauk U
seguro viaje IATI
paso a paso creciendo de viaje
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4 comentarios:

  1. Ohhh! qué gran post, Flavia. Súper interesante, además de que me gusta mucho y como siempre como está escrito.

    Tengo que ir a ese país. Ya.

    Un beso grande,

    Irene

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    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias guapa!

      A mi Myanmar me enamoró y no me importaría hacer la mochila y volver ya mismo.

      Ahora está empezando a abrirse al turismo y espero que solo copie las cosas buenas de su vecina Tailandia y siga manteniendo esa pureza mucho tiempo.

      Un beso,

      Flavia

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  2. Qué tema el de la fotografía!
    Como fotógrafo amateur no me perdería de fotografiar esos rostros pero creo le buscaría la vuelta para ser menos invasivo. Lástima el muro idiomático porque cuanta historia hay en esas lineas.
    Muy buena entrada, invita a conocer más!
    Abrazos y que sigan los buenos rumbos!!!

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  3. ¡Muchas gracias Juan Manuel!

    La barrera idiomática muchas veces te priva de conocer mejor el país, pero cuando consigues comunicarte es una pequeña victoria.

    El tema de los “safaris” fotográficos de personas no me terminan de convencer. Sentimientos encontrados. La foto sale mejor cuando hay algo de conexión entre el fotógrafo y el fotografiado.
    Un saludo desde Madagascar y gracias por pasarte

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