23/10/12

Meknés: la ciudad imperial desconocida

Menkés (مكناس) se encuentra a una hora escasa de Fez, pero aún así no tiene ni un tercio de turismo que su vecina. Es la ciudad imperial marroquí más desconocida de todas, pero eso no quiere decir que no merezca una visita. Y aunque sus orígenes son del siglo VIII, fue Mulay Ismail el que dio a Mequinez su época de esplendor, trasladando ahí la capital del imperio entre el siglo XVII y XVIII.

Como he dicho, no tardamos ni una hora en llegar a Meknés. Fuimos por autovía de peaje y nos costó alrededor de un euro. Una de las diferencias con Fez que pudimos notar nada más llegar, es que no había ninguna persona a la caza del turista. Así que cuando nos bajamos del coche, casi nos sentimos poco bien recibidas. Miramos en la guía hoteles y nos decidimos por el más céntrico el Hotel Regina. Bueno... no sé muy bien cómo describir este hostal sin quitaros las ganas de ir. Aunque por los 40 MAD que pagamos cada una no se podía pedir más. Las habitaciones son muy viejas, descuidadas y oscuras. Se podía ver a través de las sábanas y no apostaría mi mano a que estuvieran limpias. Aquí fue en el único sitio que abrí mi saco de dormir, no me apetecía mucho meterme en esa cama. A parte, el baño es un poco básico. Lo único bueno que tengo que decir, es que estaba muy bien ubicado y enfrente había una plaza pequeña donde aparcar coche. Si preguntáis a Celia, seguramente os hable algo mejor que yo, pero creo que es un caso excepcional.
La increible puerta de Bab Al-Mansur en Meknés
Bab Al-Mansur
Al estar tan cerca del centro, en tres minutos nos plantamos en la puerta Bab Al-Mansur, la más importante y grande de todas las ciudades imperiales y, a mi parecer, preciosa. Lo único que resta belleza a esta puerta, es el tráfico de coches que pasa a su lado. Esta es una de las 27 puertas en los 34 kilómetros de murallas que rodean la medina.

Justo al lado, se encuentra la plaza principal de la ciudad. Sus dimensiones son considerables, aunque nada tiene que hacer al lado de la de Marrakech. La plaza estaba casi desierta de turistas, únicamente los habitantes de la ciudad paseaban por ella. Decidimos tomar un petit taxi para ir a visitar las caballerizas y el granero, que estaban un poco apartados del centro. Estos edificios tienen enormes paredes que impiden que el calor entre, cosa que se agradeció.
Madraza de Meknés o Mequinez
En la madraza
Nos dispusimos a ver nuestra segunda madraza, la de Bou Inania. La estructura (y el nombre) es igual que la de Fez, pero su belleza y arquitectura deja muy atrás a las demás. La belleza de sus talladas paredes deja boquiabierto hasta al más exigente. Además tuvimos la suerte de visitarla casi en exclusiva. Había una mujer que nos decía por dónde podíamos ir y nos indicó el camino para subir al tejado donde se podía ver perfectamente parte de la ciudad y el minarete de madraza perfectamente. En esta madraza estudiaban hasta cien personas. En las diminutas habitaciones dormían dos estudiantes.

Ya empezábamos a notar el hambre, así que fuimos a comer. Elegimos el restaurante Mille et une nuits, que está cerca de la plaza principal. He de decir que fue en uno de los lugares que mejor comí en nuestro viaje a Marruecos. Si vuelvo a ir ahí, lo más probable es que repita. Este restaurante es muy familiar. Tiene una carta en la que puedes comer lo típico pero con un poco de innovación. Este restaurante es un claro ejemplo de la prisa mata, pero es algo que se recompensa con creces gracias a la deliciosa comida.
Detalles de la madraza de Meknés o Mequinez
Impresionantes detalles tallados en la piedra y madera de la madraza
Ya con el estómago lleno y satisfecho, nos dirigimos a nuestra última visita de la ciudad, el mausoleo de Mulay Ismail. Este mausoleo se encuentra dentro de la mezquita del mismo nombre y es una de las escasas en la que los no musulmanes pueden entrar. Actualmente no está dedicado a la oración, únicamente cumple la función de albergar los restos del sultán.
Detalle de la mezquita/mausoleo de Mulay Ismail en Meknés o Mequinez
Detalle de la mezquita/mausoleo de Mulay Ismail
El mausoleo sigue la tónica de la arquitectura árabe. Nada más entrar, nos tuvimos que descalzar por entrar a un sitio de rezo lleno de alfombras. Es curioso ver la cantidad de relojes que hay en el mausoleo, al lado de la tumba de Mulay Ismail. ¿Por qué hay esos relojes de péndulo? No es muy normal verlos en este tipo de sitios. La explicación es que el rey Luis XIV de Francia (con ese nombre no podía ser de otro sitio) se los regaló cuando rechazó que el sultán se casara con su hija, la princesa Conti, conocida por su belleza. Estos relojes llevan en funcionamiento unos 400 años.
Tumba del sultán en Meknés o Mequinez
Tumbas del sultán
Para rematar el día, dimos una vuelta por el zoco de la ciudad. No vimos a más de cuatro turistas dando una vuelta por ahí. Puede que fuera debido a que está más orientado a los lugareños que a los turistas, pero no encontramos mucha variedad de suovenirs, aunque eso sí, todo era algo más barato que en otros lugares. Compramos algo de fruta y pan para prepararnos la cena en el hostal.

Prefiero que Mequinez siga siendo desconocida para que los visitantes que lleguen ahí descubran una ciudad llena de encanto, que ofrece edificios y monumentos similares a otras ciudades imperiales, pero que a su vez muestra su cara menos turística, más auténtica. Es uno de los pocos sitios del país que se puede pasear, descansar y disfrutar de la ciudad sin los agobios de los comerciantes intentando venderte algo o persuadirte para que vayas a su hotel. Visitar la madraza y el mausoleo sin turistas alrededor, teniendo esos lugares solo para ti, es un lujo al alcance del que se aventure a venir aquí.
Detalle de la madraza de Meknés/Mequinez
Adiós  desde la madraza
Después de Meknés dejamos las ciudades imperiales y nos adentramos en el desierto del Sahara.
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